Me encanta observar al gato

Hoy estaba viendo a mi gato al través de la ventana. Estaba muy quieto, no durmiendo, solo estaba ahí. En otros momentos puede estar muy atento, siguiendo el movimiento de un pequeño gusano que pasa.

De repente, puede decidir que es suficiente, se para, se estira, y se va a vagar por ahí. Puede encontrar un lugar soleado, y tirarse a saborear el momento.

Si está hambriento, encontrará algo que comer, o buscará a esa persona que le dará comida. Él podrá buscarme, tan solo porque quiere compañía, o tal vez podrá ser porque sabe que me gusta y quiere ser bueno conmigo.

Si se siente con energía, podría ir de caza. Muy cuidadoso de no dejarse ver, siguiendo el movimiento de un pájaro, esperando el momento correcto para una carrera rápida y un brinco para atraparlo. Algunas veces puede ser generoso, y compartir conmigo su presa.

Por la noche, puede moverse por la casa, como si estuviera de guardia, atento a presencias no deseadas, manteniéndose seguro de que estamos a salvo. Durmiendo un poco entre los rondines hasta descubrir que he despertado para saludarme.

Me hace recordar lo dicho por un monje budista: cuando como, como. Cuando duermo, duermo.

Lo que nos puede enseñar la bicicleta

Algunas veces pienso que ha de haber gente que piensa: ¿De qué está hablando, bicicletas y zen, o meditación?

Bueno, déjenme decirles que en los 70s había un libro muy popular llamado “El zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta”, de Robert M. Pirsig. No leí el libro, porque no estaba interesado en las motocicletas, pero la idea se quedó en mi mente.

Luego descubrí que el zen no era solo una cuestión del templo, pero la manera en la que uno ve la vida, y el modo en el que hacemos lo que hacemos. Y andar en bicicleta, no las carreras, sino andar en bicicleta es una actividad que te permite estar en el momento presente, en el ahora, con atención plena.

Cuando empecé con la meditación, y tratando de tener una vida espiritual rica, lo que encontré constantemente era la referencia de un sendero. Así que tenía que moverme, en una dirección. ¡Bueno, pensé, que cosa tan maravillosa! Yo tengo una bicicleta, puedo pedalear el sendero. Y descubrí que, cómo las artes marciales que practicaba, o el dibujo, podía en verdad pedalear el sendero.

Hace algunos meses, paseando en una librería después de coger el libro que buscaba, vi un libro pequeñito: Mindfulness para ciclistas, de Nick Moore. ¡Qué descubrimiento! Estaba muy emocionado. Lo compré y lo empecé a leer. He regalado el libre a otros tres entusiastas de la bicicleta. Regalé el primero, sin haber terminado la lectura, a una nueva amiga, Cecilia. Es un libro hermoso.

Al final del libro podemos leer: “La conciencia que podemos cultivar en la bici nos puede ayudar a desconectar del deseo y los arraigados patrones de pensamiento y ver las cosas más objetivamente. Llueve. Hace frío. La cuesta es escarpada. Viajo a 25 km/h. Eso es todo. No juicios de valor, no bueno, malo, correcto o incorrecto. El momento es suficiente en sí mismo. ¿Necesita ser algo más?

Sobre tener menos


Me mantengo en la intención de revisar el por qué tengo lo que tengo, y en reducir lo que no necesito.

He descubierto que no es fácil para mí. Estoy atado a algunas de mis cosas más de lo que me gusta. Conservo algo de ropa que no he usado hace mucho tiempo.

También hay algunas pequeñas colecciones. Mis pequeños VW de juguete, pipas para fumar tabaco, 6 bicicletas, una vieja colección de timbres postales…y muchos libros. ¿Los necesito? No. ¿Quiero quedarme con ellas? Si. Y entonces, ¿qué hay de la limpieza del caos y de tener menos?

Creo que el objetivo de este ejercicio es el ser capaz de tener menos, y deshacerme de cosas que no necesito o uso, de ser consciente de lo que adquiero y, más importante, de no estar atado a las cosas.

En esta búsqueda no intento hacer un cambio inmediato. No ha sido tan simple como pensé. Así que voy despacio, pero voy. Especialmente hay cosas de las que he encontrado difícil de deshacerme. Así que las estoy dejando quedarse ahí, hasta que pueda lidiar con otras.

Hasta ahora me quedo con mis colecciones. Amo mis bicicletas, se quedan. Pero seguiré revisando la ropa.

De nuevo pareja

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Creo que mi padre fue un hombre sabio, práctico. Algunos años antes de su retiro del Ejército Mexicano, estaba decidiendo qué haría entonces..

Lección aprovechada. Mi esposa y yo estábamos seguros de que nuestros hijos abandonarían la casa familiar pronto. ¿Qué haríamos entonces? ¿Cómo habría de ser nuestra vida? Así que nos preparamos con anterioridad.

Es gracioso que cada madre y padre saben que sus hijos eventualmente se irán, pero sufren cuando ésto sucede. Al menos es cierto en las familias mexicanas.

Sabía que mi hijo e hija se irían pronto, como lo hice yo antes. Se supone que los padres debemos hacer eso posible de la mejor manera para ellos. Deben estar listos para volar por cuenta propia en las mejores condiciones.

Como padre, algunas veces, sentía que no estaba haciendo lo mejor. Mi padre me dijo alguna vez: “tú y tus hermanos están tratando de hacer bien lo que, según ustedes creen, yo hice mal. De cualquier manera se equivocarán”. Y sí, lo hice, pero uno hace lo mejor que puede.

Era el tiempo de dejarlos ir, y de reunirme con mi esposa, como pareja. Ahora tenemos buenos estudios de arte en la casa, uno al lado del otro, estamos planeando hacer algunos arreglos al jardín, cocinando lo que nos gusta, gozando de una copa de vino. Tenemos más tiempo juntos, más tiempo para platicar, tiempo para cada quien.

Soy un hombre afortunado.

La nueva normalidad

Hay una nueva manera de explicar la vida después del Covid 19: la nueva normalidad. Una extraño modo de decir que no volveremos a nuestro modo de vida anterior, lo que eso signifique para cualquiera.

Francamente, no pienso que en verdad estuviéramos viviendo bien, muchas cosas deberían cambiar. Pero lo que parece ser la nueva normalidad es, definitivamente, algo nada agradable.

¿Puedes imaginarte usando el cubre bocas todo el tiempo que no estés en casa? ¿El no tener el gran placer de saludar a quienes amas con un abrazo o un beso? ¿Estar asustado por todos los terribles virus que puedes encontrar?

Cuando era niño, recuerdo a unos primos que vivían con mi abuela por un tiempo. Ella estaba preocupada de que se enfermaran. Así que los cubría con cobertores al menor cambio de temperatura. Siempre estaban enfermos de catarro o de la garganta.

Entiendo la necesidad de protegernos de un virus nuevo, de tratar de mantenernos saludables cuando los hospitales están llenos de personas infectados por Covid 19. Pero me reuso a estar aterrado por la naturaleza o las noticias catastróficas.

Debemos ejercer nuestra libertad de escoger, de cómo queremos vivir. De trabajar por sociedades mejores, más empáticas, justas. Por una manera de vivir con el mundo, la naturaleza, en buenos términos. Por que las personas acepten las diferencias que tenemos, y celebrando aquello que hace posible que vivamos en hermandad.

Otra vuelta a la rueda

La vida nos sorprende con algunas oportunidades de vez en cuando. Así que aquí estoy, en medio de la contingencia, en un estudio nuevo. Esto me da la oportunidad para un nuevo comienzo, produciendo arte. Hay algunos proyectos activos, y un nuevo deseo de trabajar y compartir lo que hago.

Es por eso que estoy trabajando en un nuevo sitio: ruizlimon.com

Ahí he de compartir lo que hago como artista y diseñador. Estoy contento.

¿Convicción o confort?

Era ya casi mediodía. Miré por la ventana, la posibilidad de lluvia estaba presente. Sería un trayecto de 15 minutos, más el regreso. ¿Debería hacerlo en mi bici o no?

Soy uno de esos que se mantiene promoviendo la bicicleta como un medio alterno para moverse en la ciudad. Pero San Luis Potosí, como muchas otras ciudades en México, no es el mejor lugar para aventurarse en una bici. Pese a ello, lo sigo haciendo, sigo promocionándolo. ¿Pero en un día lluvioso?

Estaba en el momento de decisión. Necesitaba estar a tiempo. ¿Convicción o confort? Tomé mi poncho amarillo para la lluvia, mi mochila, y ahí estaba yo, manejando mi amada Tern.

El viaje fue agradable, no hubo lluvia, y el sentimiento de ser un tipo coherente fue grandioso.