De nuevo o siempre

Temprano por la mañana, suena la alarma. Salgo afuera para sentir el nuevo día. Entonces, me dispongo para zazen.

Todos los días hago lo mismo. ¿Es un de nuevo o un siempre?

Ya que es una acción repetida diariamente, uno podría pensar que la respuesta a esa pregunta es siempre. Pero de alguna manera siento que, con esta respuesta, la actividad puede tan solo convertirse en una acción repetitiva que se hace como hábito.

Así es que lo que he encontrado que funciona para mí es, primero, mirar el cielo y agradecer el nuevo día. Sabes, cada vez el amanecer no es el mismo, el color del cielo, las nubes, la manera en como se ven o la ausencia de ellas, la temperatura, hace de cada mañana una nueva experiencia.

Entonces, percibo la sensación particular del día, de está experiencia en particular. Hago consciencia del momento, y me dispongo para zazen.

Puede ser un truco para la mente, pero me funciona. La experiencia diaria se vuelve un “de nuevo”, no un “siempre.

Listo para rodar

Estoy de pie y vestido. Hace frío aquí afuera. Trato de no pensar demasiado, saco mi bicicleta y me preparo para rodar.

Empiezo a pedalear, sintiendo el aire frío en mi cara. Veo el camino frente de mí. Está casi vacío, solo algunas personas trotando y una niña que pasea a su perro.

La lluvia de anoche dejó algunos charcos que evito. Amo ver los grandes árboles al rededor, la quietud. Mantengo una cadencia confortable, suficientemente rápida pero no muy demandante para mis rodillas. Me mantengo pedaleando hasta completar mis 3 vueltas, permitiendo a mis pensamientos ir y venir.

Al final, el sentimiento es agradable. Mientras hago algunos ejercicios de estiramiento, la sonrisa aparece en mi rostro.

Empezando un nuevo año

El 2020 fue realmente algo. El aislamiento, debido a la pandemia, cambió muchas cosas para todos. He tenido que aprender a dar clases en línea. He perdido a seres queridos. He aprendido y confirmado algunas cosas valiosas, como la amistad. Una cosa que sabía, y que he podido reafirmar, es que soy finito. La vida puede terminar en un momento.

He estado tratando de ordenar mis cosas. Veo imágenes de hermosos interiores simples y limpios, pero tal parece que soy más una alma barroca que un limpio minimalista. Debo decir, sin embargo, que he logrado un trabajo medianamente bueno en limpiar mi desorden.

El arte se ha convertido en mi actividad principal, después de muchos muchos años de docencia. Ha llegado el momento para mí de trabajar en mi estudio de nuevo.

Parece ser que también el escribir regresa. No es que sea muy bueno en ello, pero me gusta contar historias, y el escribir me da esa oportunidad. Estoy usando un seudónimo, escogido como tributo a mi abuela materna, todo un personaje.

Finalmente, estoy en mi último semestre de mi segunda maestría. Me mantiene muy emocionado de aprender cosas nuevas, que podré usar para trabajar con otros para descubrir nuevas maneras de lidear con la vida y sus complicaciones.

Así que estoy empezando el nuevo año con agradecimiento, alegría y expectativas. Con proyectos que me mantendrán rolando.

Silencio

Qué extraña cosa es el silencio. Siempre hay algún ruido a nuestro derredor. De alguna manera, busco el silencio.

La noche del sábado estaba yo en una casa en el campo, en la Sierra Gorda. Sin coches, sin voces que pudiera escuchar. Pero la naturaleza produce su propio ruido. Un concierto de insectos y ranas se encontraba en pleno apogeo. Aunque, no eran los sonidos que puedo oír cuando estoy en mi casa de San Luis Potosí.
Cuando medito, temprano en la mañana, ya puedo escuchar ruidos de coches y de la gente. Puedo sentarme tranquilo, y seguir con la meditación sin distracciones.
Cuando ando en bicicleta pasa lo mismo. Voy a través del tráfico pedaleando, con atención plena en lo que pasa a mi alrededor, pero escucho sin escuchar. Soy consciente de lo que está pasando, pero no me engancho con nada.
Esos momentos son preciados, una parte importante de mi vida diaria simple.

Me encanta observar al gato

Hoy estaba viendo a mi gato al través de la ventana. Estaba muy quieto, no durmiendo, solo estaba ahí. En otros momentos puede estar muy atento, siguiendo el movimiento de un pequeño gusano que pasa.

De repente, puede decidir que es suficiente, se para, se estira, y se va a vagar por ahí. Puede encontrar un lugar soleado, y tirarse a saborear el momento.

Si está hambriento, encontrará algo que comer, o buscará a esa persona que le dará comida. Él podrá buscarme, tan solo porque quiere compañía, o tal vez podrá ser porque sabe que me gusta y quiere ser bueno conmigo.

Si se siente con energía, podría ir de caza. Muy cuidadoso de no dejarse ver, siguiendo el movimiento de un pájaro, esperando el momento correcto para una carrera rápida y un brinco para atraparlo. Algunas veces puede ser generoso, y compartir conmigo su presa.

Por la noche, puede moverse por la casa, como si estuviera de guardia, atento a presencias no deseadas, manteniéndose seguro de que estamos a salvo. Durmiendo un poco entre los rondines hasta descubrir que he despertado para saludarme.

Me hace recordar lo dicho por un monje budista: cuando como, como. Cuando duermo, duermo.

Lo que nos puede enseñar la bicicleta

Algunas veces pienso que ha de haber gente que piensa: ¿De qué está hablando, bicicletas y zen, o meditación?

Bueno, déjenme decirles que en los 70s había un libro muy popular llamado “El zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta”, de Robert M. Pirsig. No leí el libro, porque no estaba interesado en las motocicletas, pero la idea se quedó en mi mente.

Luego descubrí que el zen no era solo una cuestión del templo, pero la manera en la que uno ve la vida, y el modo en el que hacemos lo que hacemos. Y andar en bicicleta, no las carreras, sino andar en bicicleta es una actividad que te permite estar en el momento presente, en el ahora, con atención plena.

Cuando empecé con la meditación, y tratando de tener una vida espiritual rica, lo que encontré constantemente era la referencia de un sendero. Así que tenía que moverme, en una dirección. ¡Bueno, pensé, que cosa tan maravillosa! Yo tengo una bicicleta, puedo pedalear el sendero. Y descubrí que, cómo las artes marciales que practicaba, o el dibujo, podía en verdad pedalear el sendero.

Hace algunos meses, paseando en una librería después de coger el libro que buscaba, vi un libro pequeñito: Mindfulness para ciclistas, de Nick Moore. ¡Qué descubrimiento! Estaba muy emocionado. Lo compré y lo empecé a leer. He regalado el libre a otros tres entusiastas de la bicicleta. Regalé el primero, sin haber terminado la lectura, a una nueva amiga, Cecilia. Es un libro hermoso.

Al final del libro podemos leer: “La conciencia que podemos cultivar en la bici nos puede ayudar a desconectar del deseo y los arraigados patrones de pensamiento y ver las cosas más objetivamente. Llueve. Hace frío. La cuesta es escarpada. Viajo a 25 km/h. Eso es todo. No juicios de valor, no bueno, malo, correcto o incorrecto. El momento es suficiente en sí mismo. ¿Necesita ser algo más?

Sobre tener menos


Me mantengo en la intención de revisar el por qué tengo lo que tengo, y en reducir lo que no necesito.

He descubierto que no es fácil para mí. Estoy atado a algunas de mis cosas más de lo que me gusta. Conservo algo de ropa que no he usado hace mucho tiempo.

También hay algunas pequeñas colecciones. Mis pequeños VW de juguete, pipas para fumar tabaco, 6 bicicletas, una vieja colección de timbres postales…y muchos libros. ¿Los necesito? No. ¿Quiero quedarme con ellas? Si. Y entonces, ¿qué hay de la limpieza del caos y de tener menos?

Creo que el objetivo de este ejercicio es el ser capaz de tener menos, y deshacerme de cosas que no necesito o uso, de ser consciente de lo que adquiero y, más importante, de no estar atado a las cosas.

En esta búsqueda no intento hacer un cambio inmediato. No ha sido tan simple como pensé. Así que voy despacio, pero voy. Especialmente hay cosas de las que he encontrado difícil de deshacerme. Así que las estoy dejando quedarse ahí, hasta que pueda lidiar con otras.

Hasta ahora me quedo con mis colecciones. Amo mis bicicletas, se quedan. Pero seguiré revisando la ropa.

De nuevo pareja

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Creo que mi padre fue un hombre sabio, práctico. Algunos años antes de su retiro del Ejército Mexicano, estaba decidiendo qué haría entonces..

Lección aprovechada. Mi esposa y yo estábamos seguros de que nuestros hijos abandonarían la casa familiar pronto. ¿Qué haríamos entonces? ¿Cómo habría de ser nuestra vida? Así que nos preparamos con anterioridad.

Es gracioso que cada madre y padre saben que sus hijos eventualmente se irán, pero sufren cuando ésto sucede. Al menos es cierto en las familias mexicanas.

Sabía que mi hijo e hija se irían pronto, como lo hice yo antes. Se supone que los padres debemos hacer eso posible de la mejor manera para ellos. Deben estar listos para volar por cuenta propia en las mejores condiciones.

Como padre, algunas veces, sentía que no estaba haciendo lo mejor. Mi padre me dijo alguna vez: “tú y tus hermanos están tratando de hacer bien lo que, según ustedes creen, yo hice mal. De cualquier manera se equivocarán”. Y sí, lo hice, pero uno hace lo mejor que puede.

Era el tiempo de dejarlos ir, y de reunirme con mi esposa, como pareja. Ahora tenemos buenos estudios de arte en la casa, uno al lado del otro, estamos planeando hacer algunos arreglos al jardín, cocinando lo que nos gusta, gozando de una copa de vino. Tenemos más tiempo juntos, más tiempo para platicar, tiempo para cada quien.

Soy un hombre afortunado.