Compartiendo con otros

Este año ha sido peculiar. Tiempo de permanecer en casa, casi sin salir, y dejé de enseñar en la universidad.

Estoy por terminar mis estudios de maestría. Además estudié para ser instructor de meditación (?) y me convertí en coach de mindfulness.

Me gusta mi práctica de zazen, y estar con mi Sangha, pero he descubierto que para muchos no es el camino. Así que decidí ayudar a otros al compartir el mindfulness.

🙏🏻

Solo o en compañía

Ya que practico zazen cada mañana, y una meditación corta por la noche, la mayoría de las veces lo hago solo.

En pocas ocasiones, ahora menos frecuentes por el confinamiento, lo hago en compañía. El grupo de Zen al que pertenezco se reunía una vez por semana. Y tengo un grupo de amigas, mujeres interesantes, que me invitan una vez al mes a una breve lectura y meditación, que disfruto enormemente.

Así que la meditación es un asunto solitario. Es una práctica personal. Yo me disciplino, soy constante, yo veo cómo voy en la propia práctica. Pero también medito con alguien que supervisa mi práctica, o práctico con gozo con amigos o compañeros del sendero. El sentimiento es diferente.

Y hay también esas mañanas en las que tengo una compañía diferente, tranquila, que se me une en la práctica.

La bicicleta

No hay nada como una bicicleta a la que se le da mantenimiento, limpia. Lista para ser usada con confianza.

Tener una máquina conlleva una responsabilidad. Necesita de atención. Se requiere de checar la presión de las llantas. Si conoces a tu bicicleta, puedes detectar un sonido extraño en un paseo. Si no le prestas atención, puede suceder un desastre. Poco a poco, si no le das importancia, tu querida bicicleta puede terminar por desarmarse, puedes tener un accidente en ruta, o al menos un mal momento.

Lo que he aprendido de los minimalists es que el poseer cosas te quita tiempo. Por eso es que dicen que es mejor solo tener lo que necesitas, o que vestas dispuesto a cuidar. La bicicleta es una máquina simple, pero el tener una te da una responsabilidad. Es parte de la vida. Si no quieres la molestia de poseer una, puedes entonces caminar. Pero no tendrás la experiencia de gozo de manejar y tener una bicicleta.

¡Es hoy!

Aunque la ONU a determinado una fecha diferente (junio 3), muchos ciclistas celebramos este día tan feliz el 19 de abril.

La celebración comenzó por el Profesor de la Northern Illinois University, Thomas R. Roberts. La fecha hace referencia al “viaje” con LSD que hizo el Dr. Albert Hofmann en bicicleta, en abril de 1945.

Muchos entenderán por qué a la ONU no le gustó la fecha. Pero para muchos ciclistas es el día perfecto. Montar en bicicleta puede cambiar la perspectiva de como una persona ve al mundo, y a la vida.

Así que…¡anda en bici, y goza la vida!

Cuando no todo está bien

Cuando pensaba que todo iba bien, descubrí que no.

Ya sabes, practicaba a diario zazen, salía en mi bicicleta, estaba trabajando en mi proyecto de titulación. Pero había algunas cosas que no estaban funcionando en realidad.

Mi proyecto de maestría era algo que me daba dolor de cabeza. Estaba atorado con mi trabajo artístico. Ya no estaba dando clases. Y, por qué no, un terrible dolor apareció: ciática – dijo el médico.

No lo estaba pasando bien. Pero estaba en un proceso de crecimiento espiritual y salud mental. Se suponía que yo bebía hacerme cargo de otros y guiarlos a una mejor manera de vivir. Tenía que estar bien.

Tuve que dejar de pedalear. No estaba en realidad trabajando. Me estaba volviendo loco con el proyecto de titulación. No podía despertarme a tiempo. No me sentía bien.

Una noche, sintiéndome fatal, pero ya sin dolor, me senté en mi banco de meditación, cerré mis ojos, y comencé a respirar conscientemente. Después de un rato, como una luz tenue, llegó un pensamiento: duerme bien, y cuando despiertes, haz zazen, ve por un paseo en bici, y comienza de nuevo.

A la mañana siguiente, al sonido del despertador, no quería levantarme, pero lo hice. Me levanté, hice zazen, y tomé mi bicicleta para un paseo. ¡Es increíble como una pedaleada corta me puede hacer sentir! Estaba feliz, estaba de vuelta.

Cada uno debería explorar dentro de sí, y encontrar qué es aquello que hace brillar su vida. Algunos tienen sus rituales para enriquecer su vida, otros van a un lugar especial, otros dan un paseo en la naturaleza. Yo tengo el zazen y mi bicicleta.

De nuevo o siempre

Temprano por la mañana, suena la alarma. Salgo afuera para sentir el nuevo día. Entonces, me dispongo para zazen.

Todos los días hago lo mismo. ¿Es un de nuevo o un siempre?

Ya que es una acción repetida diariamente, uno podría pensar que la respuesta a esa pregunta es siempre. Pero de alguna manera siento que, con esta respuesta, la actividad puede tan solo convertirse en una acción repetitiva que se hace como hábito.

Así es que lo que he encontrado que funciona para mí es, primero, mirar el cielo y agradecer el nuevo día. Sabes, cada vez el amanecer no es el mismo, el color del cielo, las nubes, la manera en como se ven o la ausencia de ellas, la temperatura, hace de cada mañana una nueva experiencia.

Entonces, percibo la sensación particular del día, de está experiencia en particular. Hago consciencia del momento, y me dispongo para zazen.

Puede ser un truco para la mente, pero me funciona. La experiencia diaria se vuelve un “de nuevo”, no un “siempre.

Listo para rodar

Estoy de pie y vestido. Hace frío aquí afuera. Trato de no pensar demasiado, saco mi bicicleta y me preparo para rodar.

Empiezo a pedalear, sintiendo el aire frío en mi cara. Veo el camino frente de mí. Está casi vacío, solo algunas personas trotando y una niña que pasea a su perro.

La lluvia de anoche dejó algunos charcos que evito. Amo ver los grandes árboles al rededor, la quietud. Mantengo una cadencia confortable, suficientemente rápida pero no muy demandante para mis rodillas. Me mantengo pedaleando hasta completar mis 3 vueltas, permitiendo a mis pensamientos ir y venir.

Al final, el sentimiento es agradable. Mientras hago algunos ejercicios de estiramiento, la sonrisa aparece en mi rostro.

Empezando un nuevo año

El 2020 fue realmente algo. El aislamiento, debido a la pandemia, cambió muchas cosas para todos. He tenido que aprender a dar clases en línea. He perdido a seres queridos. He aprendido y confirmado algunas cosas valiosas, como la amistad. Una cosa que sabía, y que he podido reafirmar, es que soy finito. La vida puede terminar en un momento.

He estado tratando de ordenar mis cosas. Veo imágenes de hermosos interiores simples y limpios, pero tal parece que soy más una alma barroca que un limpio minimalista. Debo decir, sin embargo, que he logrado un trabajo medianamente bueno en limpiar mi desorden.

El arte se ha convertido en mi actividad principal, después de muchos muchos años de docencia. Ha llegado el momento para mí de trabajar en mi estudio de nuevo.

Parece ser que también el escribir regresa. No es que sea muy bueno en ello, pero me gusta contar historias, y el escribir me da esa oportunidad. Estoy usando un seudónimo, escogido como tributo a mi abuela materna, todo un personaje.

Finalmente, estoy en mi último semestre de mi segunda maestría. Me mantiene muy emocionado de aprender cosas nuevas, que podré usar para trabajar con otros para descubrir nuevas maneras de lidear con la vida y sus complicaciones.

Así que estoy empezando el nuevo año con agradecimiento, alegría y expectativas. Con proyectos que me mantendrán rolando.

Silencio

Qué extraña cosa es el silencio. Siempre hay algún ruido a nuestro derredor. De alguna manera, busco el silencio.

La noche del sábado estaba yo en una casa en el campo, en la Sierra Gorda. Sin coches, sin voces que pudiera escuchar. Pero la naturaleza produce su propio ruido. Un concierto de insectos y ranas se encontraba en pleno apogeo. Aunque, no eran los sonidos que puedo oír cuando estoy en mi casa de San Luis Potosí.
Cuando medito, temprano en la mañana, ya puedo escuchar ruidos de coches y de la gente. Puedo sentarme tranquilo, y seguir con la meditación sin distracciones.
Cuando ando en bicicleta pasa lo mismo. Voy a través del tráfico pedaleando, con atención plena en lo que pasa a mi alrededor, pero escucho sin escuchar. Soy consciente de lo que está pasando, pero no me engancho con nada.
Esos momentos son preciados, una parte importante de mi vida diaria simple.

Me encanta observar al gato

Hoy estaba viendo a mi gato al través de la ventana. Estaba muy quieto, no durmiendo, solo estaba ahí. En otros momentos puede estar muy atento, siguiendo el movimiento de un pequeño gusano que pasa.

De repente, puede decidir que es suficiente, se para, se estira, y se va a vagar por ahí. Puede encontrar un lugar soleado, y tirarse a saborear el momento.

Si está hambriento, encontrará algo que comer, o buscará a esa persona que le dará comida. Él podrá buscarme, tan solo porque quiere compañía, o tal vez podrá ser porque sabe que me gusta y quiere ser bueno conmigo.

Si se siente con energía, podría ir de caza. Muy cuidadoso de no dejarse ver, siguiendo el movimiento de un pájaro, esperando el momento correcto para una carrera rápida y un brinco para atraparlo. Algunas veces puede ser generoso, y compartir conmigo su presa.

Por la noche, puede moverse por la casa, como si estuviera de guardia, atento a presencias no deseadas, manteniéndose seguro de que estamos a salvo. Durmiendo un poco entre los rondines hasta descubrir que he despertado para saludarme.

Me hace recordar lo dicho por un monje budista: cuando como, como. Cuando duermo, duermo.